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Universidad Francisco Marroquín
 

Sainte Chapelle. París, Francia, 1248

25 de May del 2016 por Julián González Gómez


Un espacio arquitectónico lleno de luz y color, un reclamo del misticismo medieval que nos remite a la visión que tuvo el abad Suger de la Jerusalén celestial como una ciudad de oro y cristal. Las paredes de la capilla emiten una luz mágica que se posa con presencia radiante invitando a la exaltación, mientras que en la cripta el sentimiento que nos invade es el de recogimiento interior. Esta capilla es un relicario construido con la mayor delicadeza por unos artífices que pusieron su mejor empeño y maestría, engalanándolo con oro y las joyas más hermosas que eran capaces de producir. Parece inmaterial, etérea, intangible; su metafísica nos remite a lo sagrado y espiritual.

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En este pequeño edificio se materializan todos los aspectos más relevantes del gótico: la especial atmósfera que se genera gracias a la luz de los grandes vitrales policromados que cubren la totalidad de las paredes, la combinación armónica de los azules y dorados de sus bóvedas de crucería, la linearidad de la tectónica de sus pilares y bóvedas, la ligereza en la concepción arquitectónica plena de verticalidad y la delicadeza de su tracería. Considerada la joya del gótico radiante o rayonant, se le atribuye su diseño a Pierre de Montreuil, el más grande arquitecto de su época y también responsable de otros destacados edificios como la capilla de la Virgen de la abadía de Saint-Germain-des-Prés o el refectorio de Saint-Martin-des-Champs. También se hizo cargo de las obras de la catedral de Notre-Dame en París, de la que terminó la fachada sur y la Puerta Roja.

Albergue de reliquias

La Sainte Chapelle fue encargada por el rey Luis IX, el rey santo, para albergar las reliquias de la pasión que habían llegado a Francia desde Siria y Constantinopla, para ello, posiblemente le encargó a Montreuil su realización que comenzó en 1242 y fue terminada en 1248, un tiempo bastante rápido para la época. Contiene la capilla en sí y una cripta, ésta última para el culto de la población y los miembros del palacio, mientras que la capilla estaba reservada para el rey y su corte y en ella se colocaron las reliquias. Como dato curioso mencionaremos que el costo de las reliquias fue el triple del costo del edificio, pero con su posesión París se convirtió en la segunda capital de importancia religiosa en Europa. En la capilla de la cripta la decoración predominante es de colores azul y dorado, que eran los colores del blasón del rey y la corona francesa y franjas rojas, en alusión al reino de Castilla, de donde provenía la madre del rey, Blanca de Castilla. La capilla superior es de colores azul y dorado, también en alusión al blasón real. En las bóvedas el azul profundo del fondo se combina con las flores de Lis de color también dorado, creando un atractivo diseño que engalana el ambiente junto a la luz de colores de los vitrales.

Sainte-Chapelle

Imagen: Medieval Gothic

La iglesia fue concebida con una planta de salón de una sola nave, cuya estructura de pilares está reforzada por contrafuertes que se proyectan al exterior y sus paredes fueron totalmente suprimidas y reemplazadas por los vitrales policromados. Se ha asemejado a esta capilla con una caja de cristal por estas características. Debido a la ligereza de sus bóvedas y al hecho de que su nave es única, no hubo necesidad de construir los característicos arbotantes de las iglesias góticas. La planta muestra una distribución de cuatro tramos rectangulares con bóvedas ojivales cuatripartitas y una cabecera absidial redondeada con una bóveda compuesta, siempre ojival. Posee detrás de la fachada un vestíbulo coronado por una bóveda triple de cuatro plementos también. La sencillez de su diseño potencia la presencia y claridad de sus detalles arquitectónicos y decorativos, sobre todo la tracería de los vanos y los rosetones radiantes, propios del estilo vigente de la época en que fue construida. En la capilla superior todo el cuerpo bajo contiene gran cantidad de detalles del gótico, predominando las logias de arcos ojivales coronados por rosetones cuatrilobulados y relieves relativos a la historia de los reyes del Antiguo Testamento, mientras que el cuerpo superior, totalmente ocupado por los vitrales y articulado por los ligeros pilares, se eleva a una altura de más de 15 metros y remata en cuatro ojivas, encima de las cuales hay un rosetón de 6 lóbulos y 2 cuatrilóbulos.

La Sainte Chapelle sufrió considerables daños durante el período revolucionario, al igual que numerosos edificios religiosos de Francia, sin embargo los vitrales lograron mantenerse a salvo gracias a que fueron protegidos. Objeto de varias restauraciones a principios del siglo XIX encabezadas por parte de varios de los inspectores de antigüedades de París como Duban, Lassus o Boeswillwald, finalmente se encargó su restauración definitiva a Viollet-le-Duc, quien realizó importantes trabajos en los acabados interiores y colocó de nuevo una aguja que coronaba la techumbre de la nave sobre el último tramo de las bóvedas antes de la cabecera. Estos trabajos fueron concluidos en 1867.

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Hoy se yergue como uno de los monumentos más célebres de París, visitado por numerosos turistas y es una de las paradas obligatorias para cualquier arquitecto que visita la ciudad y quiere contemplar uno de los mejores ejemplos de las maravillas que nos legó el gótico.