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Universidad Francisco Marroquín
 

Palacio de Vaux-le-Vicomte. Maincy, Francia, 1658-1661

4 de January del 2016 por Julián González Gómez


Sin duda la ostentación y el derroche descarado despiertan envidias, incluso las de un rey y el Palacio de Vaux-le-Vicomte es quizás el mejor ejemplo de ello. Mandado a construir por el intendente de finanzas de Luis XIV, Nicolás Fouquet como demostración de su gran fortuna, al final sólo le acarreó la ruina y acabó sus días en prisión, encarcelado bajo la acusación de malversación de los fondos públicos. Fouquet ya poseía una gran fortuna y era dueño de numerosas tierras, en especial el señorío de Vaux, que había adquirido legítimamente para su usufructo. En este sentido, bajo su condición de pertenecer a la nobleza, se encargó de hacer valer su potestad mediante la construcción de un gran palacio en las tierras que gestionaba, a la vieja usanza de los caballeros que erigían castillos en sus feudos.

El cargo de intendente de las finanzas del rey, para el que fue nombrado en 1655, le permitía estar en contacto con las altas esferas del estado y en especial con Luis XIV, el soberano que tenía las más grandes pretensiones de cuantos se habían sentado en el trono antes que él y que era llamado “el rey Sol” por los aduladores y el pueblo. Luis XIV no sólo se hizo cargo del trono de Francia, sino además encarnó en su persona todas las facultades del estado por lo que su dominio era absoluto y se rodeó de talentosos serviles para ejercerlo. En el siglo XVII Francia llegó a ser la potencia dominante de Europa y el fasto y grandeza de su corte fueron imitados por todas las casas reales del continente. Fouquet era entonces el responsable de la administración de los recursos financieros del rey, es decir, del estado y este cargo no sólo revestía gran importancia, sino además era sujeto de especial atención por parte del soberano, quien necesitaba de unas finanzas saneadas para poder cumplir sus propósitos reales y personales.

Fouquet contrató a los mejores profesionales de su época para hacer su palacio: el arquitecto Louis Le Vau, el pintor Charles Le Brun y el diseñador de jardines André Le Nôtre. No se escatimaron recursos ni gastos para erigir el más opulento y magnífico palacio campestre y cuando fue inaugurado, Fouquet ofreció fastuosas fiestas para celebrarlo. Posteriormente recibió en él a numerosos ministros y a algunos soberanos que visitaban la corte, pero la ruina le llegó después de la fiesta que celebró el 17 de agosto de 1661 en honor a Luis XIV, quien visitó el magnífico palacio durante varios días en los que se sucedieron numerosos espectáculos y banquetes. Se dice que tanto fasto despertó la envidia del monarca quien a su regreso a París mandó a destituir a Fouquet de su cargo y a arrestarlo acusándolo de malversación de los fondos públicos. Fouquet, caído en desgracia, terminó sus días en prisión, mientras su palacio fue requisado y su mobiliario vendido para sufragar los gastos. Luis XIV entonces contrató a Le Vau, Le Brun y Le Nôtre para hacerse cargo del nuevo palacio que pensaba construir en Versalles, donde con el tiempo instalaría su corte. El palacio de Vaux-le Vicomte fue abandonado por un tiempo, hasta que los herederos de Fouquet volvieron a tomarlo en usufructo varios años después.

A pesar de que fue concebido como objeto de ostentación, este palacio es uno de los más magníficos ejemplos de la arquitectura francesa del siglo XVII, en especial la magistral combinación entre el edificio del palacio y los jardines. Tanto Le Vau como Le Nôtre se ocuparon de crear un todo armónico que se asienta en un paisaje donde la geometría establece una serie de movimientos espaciales que siempre tienen al edificio del palacio como su elemento preponderante y foco de atención. Esto establece una de las principales cualidades del barroco arquitectónico francés en el cual el concepto espacial definido por los exteriores hacen del edificio un fondo escénico que no sólo se ve ensalzado por el eje principal de simetría que pasa por él, sino que hay una concordancia paisajística que además se combina con las vistas de los espacios internos, teniendo su equivalente en los espacios externos. Esta misma combinación se verá luego repetida y magnificada en el conjunto de Versalles, diseñado por los mismos creadores. En este sentido podríamos decir que, aunque ya había algunos precedentes, Le Nôtre es el creador del concepto de “jardín francés” que ejercerá una capital influencia en el diseño de los conjuntos palaciegos a lo largo del resto del siglo XVII y todo el siglo XVIII, teniendo incluso notables reminiscencias en épocas posteriores hasta la modernidad. Lo que aquí se quiere decir es que a partir de Vaux-Le-Vicomte la sensibilidad arquitectónica se extiende hasta un concepto espacial que abarca una totalidad en la cual se establece una serie de conexiones entre lo que es el edificio en sí y su entorno, que a la vez se amolda y extiende una continuidad bien definida entre los componentes del conjunto.

El edificio tiene un precedente inmediato en el Cháteau de Maisons, o Maisons-lafitte diseñado por Mansart unos años antes, por lo que Le Vau se basó en casi el mismo concepto, pero innovándolo con aspectos espaciales de mayor influencia barroca que se aprecian sobre todo en el gran salón oval, coronado por una cúpula. Como en todos los palacios franceses de la época la distribución está definida por un eje central de simetría que se extiende hacia los exteriores. El palacio posee dos niveles y está coronado por techumbres de gran pendiente que son mansardas, las cuales dominaban la concepción de los techos. El eje central está ensalzado por el salón oval y su cúpula y además hay dos pabellones laterales ligeramente adelantados para lograr mayor dinamismo en la volumetría. La entrada del vestíbulo que precede al salón está enmarcada por un espacio cóncavo que denota la influencia de Bernini, mientras que el pórtico está concebido de acuerdo con una tradición más clasicista que barroca.

Este palacio, construido en piedra, se combina con las estancias de servicio que son de ladrillo y ubicadas a ambos lados para ensalzar, junto con los jardines, la centralidad escenográfica del mismo. Alrededor del palacio hay un estanque que lo rodea y que es una reminiscencia de los antiguos fosos de los castillos. Estos estanques se combinan con los jardines y sirven de plano base para la elevación del mismo palacio mediante una plataforma. En los jardines la concepción espacial no se limita a una visión exclusivamente planteada mediante una planta, sino que su alcance llega a las tres dimensiones, sobre todo con el remate al final del jardín posterior al que se accede por medio de dos rampas simétricas.

Como se dijo antes, este palacio constituye uno de los conjuntos arquitectónicos más notables del barroco, no sólo por las grandes novedades que se implementaron en él y su influencia, sino además por la gran calidad de su ejecución y su notorio concepto espacial. Seguramente el intendente Fouquet estuvo muy orgulloso de ser su poseedor, a pesar de la ruina que le significó al final.

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