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Universidad Francisco Marroquín
 

Cúpula de la catedral de Santa María de las Flores. Florencia, Italia, 1419-1436

20 de September del 2016 por Julián González Gómez


La construcción de la cúpula de la Catedral de Santa María de las Flores de Florencia es uno de los mayores retos al cual puede enfrentarse un arquitecto en cualquier época de la historia. En 1419 se convocó a un concurso para cubrir con una cúpula el gigantesco tambor octogonal que quedó sin cerrar desde los tiempos de la construcción de la catedral en el siglo XIII. Varios arquitectos de toda Italia presentaron sus soluciones, pero a los organizadores eligieron dos de ellas, que respondían a la magnificencia de la construcción que se requería.

Una de las soluciones la aportó el escultor Lorenzo Ghiberti y la otra el orfebre Filippo Brunelleschi. Al final el diseño de Brunelleschi prevaleció sobre el de su rival y los trabajos comenzaron inmediatamente. La solución de Brunelleschi suponía que se podría construir la gran cúpula sin la necesidad de utilizar costosas cimbras y tampoco habría necesidad de reforzar el tambor octogonal sobre el que se asentaría la cúpula para compensar los empujes; estas razones fueron las que tomaron en cuenta los organizadores del concurso para elegir el diseño de este joven orfebre, pero asignaron como director adjunto de las obras a Ghiberti, lo cual produjo graves problemas casi desde el inicio. Ambos se detestaban y Guiberti en varias ocasiones trató de sabotear los trabajos de Brunelleschi, quien a final de cuentas se impuso y su adversario tuvo que darse por vencido.


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Desde un principio Brunelleschi se dio cuenta de que, dada la gran luz que debía cubrir la cúpula (42.7 metros), no sería posible abarcarla mediante una estructura similar a la única cúpula de grandes dimensiones que por ese entonces existía, la del Panteón de Roma, realizada mediante una estructura unitaria que se apoyaba sobre muros muy gruesos para compensar las altas cargas estructurales. Para no sobrecargar el tambor octogonal sobre el que se apoyaría decidió que los arcos que definirían su forma fuesen apuntados, permitiendo así que la carga vertical fuese superior a la horizontal, que era la que produciría los mayores empujes laterales, haciendo que peligrara su integridad. Además diseñó una cúpula doble, con una cúpula interna y otra externa, en un sistema en el cual la cúpula interna soportaría las cargas de la externa y las llevarían al tambor, quedando un espacio entre ambas.

La cúpula externa, partiendo de un octógono, quedaría con ocho plementos articulados por medio de ocho grandes nervios construidos de piedra y mármol, mientras que los plementos, hechos de piedra, estarían recubiertos de ladrillo cocido colocado en forma escalonada para darle mayor rigidez. La cúpula interna en cambio tendría una estructura a base de grandes nervios en ambos sentidos para sostener el peso propio y el de la cúpula externa. En su interior estaría cubierta por mampostería quedando así lisa hacia el crucero. Para levantar las dos cúpulas sin necesidad de cimbras Brunelleschi diseñó un sistema de zunchos de madera, piedra y hierro que estarían colocados a diversas alturas, de tal manera que la estructura se sustentara por sí misma mientras se iba levantando. No era una solución fácil de realizar y se requirió un gran esfuerzo por parte de todos los implicados en la obra, pero los trabajos, que se iniciaron en 1420 comenzaron a rendir resultados desde el principio. Con los trabajos terminados la cúpula se elevaría 144 metros desde la base de la catedral y tendría un pero total de más de 37,000 toneladas métricas.

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Brunelleschi diseñó una serie de máquinas y grúas que permitían subir los materiales hasta las grandes alturas conforme avanzaba la construcción y también colocarlos en su lugar. Estas máquinas, ideadas y construidas mediante un ingenioso sistema de engranajes y movidos por la tracción de bueyes realizaron las tareas para las que fueron realizadas a la perfección, siendo uno de los hitos más importantes en la construcción de máquinas a lo largo de todos los tiempos.

Como vemos, la obra de esta cúpula está caracterizada por una serie de soluciones no sólo ingeniosas, sino además pioneras en todos los campos que tuvieron que ver con ella. La construcción se llevó a cabo en un período de dieciséis años, finalizando en 1436; ese mismo año fue consagrada por el Papa Eugenio IV. Posteriormente se empezó a construir la linterna que Brunelleschi había diseñado para rematar la cúpula. Ésta sería de forma octogonal con grandes ventanas en cada uno de sus lados y para sostenerla debía estar provista de ocho contrafuertes siendo su remate cónico. Esta linterna debía tener más de dieciséis metros de altura y sus trabajos fueron iniciados en 1446, año en el que falleció Brunelleschi, por lo cual nunca pudo verla finalizada y se concluyó en 1461 con la obra a cargo de su colaborador Michelozzo.

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Se considera a la cúpula de la catedral de Florencia como la primera obra de arquitectura del renacimiento por las numerosas novedades que presenta y por el hecho de que se aparta de los modelos góticos precedentes. Sin embargo, desde el punto de vista de su gestión y construcción valdría la pena recalcar que esta obra se ubica dentro del sistema gremial que predominó durante el gótico. En todo caso constituye una de las grandes obras de la arquitectura de todos los tiempos y es todavía hasta hoy el símbolo más famoso de la ciudad de Florencia.