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Universidad Francisco Marroquín
 

Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou. París, Francia, 1977

30 de March del 2016 por Julián González Gómez


El Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou fue inaugurado en 1977, en pleno centro de París y en un barrio de arquitectura tradicional las voces de protesta y las expresiones de admiración se manifestaron por igual. En todo caso su absoluto rompimiento formal con el entorno mediante una arquitectura que hacía referencia a las tendencias de alta tecnología de la época causó asombro y hoy, casi cuarenta años después, todavía suscita comentarios diversos.

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El Centro Pompidou reavivó la discusión dialéctica entre aquellos que propugnaban que el barrio y el contexto debían prevalecer sobre las condiciones cambiantes de las tendencias arquitectónicas y aquellos que defendían la idea de que la cultura, y dentro de ésta la arquitectura, es producto de su propio tiempo y que los cambios que se dan en la sociedad deben manifestarse creando un contexto de progresión arquitectónica en lo formal y lo temporal. No es una simple cuestión de gustos y la discusión se ha revelado como de primer orden desde los tiempos de la ilustración hasta la actualidad. El rompimiento siempre producirá rechazo o adhesión, no importando las condiciones dentro de las cuales se produce.

Postmodernismo

También hay que tomar en cuenta que por esos años se iniciaba un movimiento que reavivó esta discusión que fue el postmodernismo. Esta tendencia, producto del aporte de diversos pensadores y arquitectos, se manifestó en dos inclinaciones radicalmente distintas:

  • Por un lado estaban aquellos que criticaban la falta de coherencia comunicativa de la arquitectura moderna y sus modelos, que juzgaban cada vez más ajenos a la sociedad y propugnaban por un retorno a los cánones más tradicionales del lenguaje formal y conceptual de la arquitectura, incluyendo entre otros el clasicismo y el lenguaje vernáculo.
  • Por otro lado estaban los partidarios de nuevas tendencias, cada vez más radicales en su planteamiento conceptual, que trataron de llevar a la arquitectura hasta sus límites formales dentro de un aparente caos y cuya máxima expresión fue el deconstructivismo.

De todos modos, la pugna acabó aparentemente con los parámetros que habían definido a la arquitectura del llamado “estilo internacional”, vigente desde los tiempos del racionalismo de los años 20 y 30 del siglo XX y que había pasado por diversos momentos de evolución hasta entonces.

Modernismo arquitectónico

El edificio del Centro Pompidou se inscribe, si se vale esta clasificación, dentro de algunos de los parámetros de las últimas fases del estilo internacional, principalmente porque su arquitectura, dentro de un afán de materializarla a través de un lenguaje de alta tecnología, hace referencia al viejo y querido paradigma del racionalismo vanguardista que es la máquina. Esta analogía, realizada en un tiempo anterior a la revolución de la informática y la comunicación iniciada pocos años después podríamos juzgarla hoy como relativamente ingenua y además como una auténtica regresión a los cánones más tradicionales del modernismo arquitectónico, solamente que aquí están expresados en los términos de la tecnología más avanzada de la época. Es como una sofisticada máquina de los años 70 del siglo pasado con sus componentes mecánicos desnudos.

Este alarde formal no sorprende considerando que este centro cultural fue dedicado a las manifestaciones artísticas propias de la modernidad, incluyendo aquellas que en ese momento se consideraban más radicales y por eso se alega el acierto de su adecuación a esta premisa. Por otra parte se podría desestimar este argumento aduciendo que un edificio cuyas funciones son contener y exponer el arte debe ser sólo un contenedor neutral, sin alusiones temporales, ya que las tendencias siempre están cambiando y el hecho de que el edificio sea en sí una manifestación de una de ellas lo condena a una temporalidad específica y por lo tanto lo limita y reduce a una mera expresión formal. Esta discusión de hecho continúa en ciertos ámbitos hasta la actualidad considerando que hoy prevalece el criterio de que una arquitectura debe expresar la contemporaneidad y no únicamente la función, que era la principal premisa del modernismo arquitectónico. Esto es una herencia del postmodernismo, con su énfasis casi obsesivo por los aspectos meramente formales que estaban (y están) encuadrados dentro de la relatividad conceptual, muy a pesar de muchos de sus defensores.

Emblema de controversia

El Centro Pompidou entonces traspasó los límites de las funciones que le fueron asignadas para convertirse en una especie de símbolo o emblema de la controversia. Si esta fue una consecuencia prevista por los arquitectos que lo diseñaron y por las autoridades que decidieron su construcción ya es otro asunto. Seguramente Renzo Piano y Richard Rogers pudieron anticipar la polémica y tal vez consideraron que ésta aseguraría la notoriedad del edificio (y por supuesto también la de ellos). Siempre es preferible que algo se destaque, aunque sea por un escándalo, a que pase inadvertido. Este recurso ha sido muy utilizado desde entonces por muchos artistas y arquitectos y les ha ganado notoriedad, de manera que el producto de su creatividad no cumpla necesariamente con las funciones que le corresponde, sino que responden en cambio al cometido de procurar renombre o reputación. En todo caso y en cuanto a un edificio, este mercadeo resulta bastante oneroso, no tanto para el arquitecto, sino más bien para el particular o la institución que financia su construcción. Innovar sólo por innovar, sin más.

A pesar de todo ello y desde la perspectiva que permite el paso del tiempo, el Centro Pompidou se puede considerar un éxito relativo en lo que se refiere a sus funciones y a su aceptación dentro del esquema urbano y social de la ciudad de París. No es un monumento tan emblemático como la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, ni una institución tan venerable como el Museo del Louvre, pero persiste y se ha convertido en un lugar frecuente de reunión ciudadana, sobre todo gracias a la amplia plaza que le sirve como atrio, donde constantemente se ofrecen espectáculos públicos y otras actividades. Su expresión, chocantemente tecnológica y ya pasada de moda, puede ser del gusto o no de los visitantes, pero pervive como un ícono de la controversia de su tiempo en ese marco multitudinario que es la ciudad de París.

Pompidou