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Universidad Francisco Marroquín
 

Casa de la cascada, Bear Run, Pensilvania, Estados Unidos, 1936-1939

11 de November del 2015 por Julián González Gómez


Por un bosque virgen de árboles caducifolios discurre un pequeño riachuelo entre las rocas y al llegar a cierto lugar se proyecta en una cascada que salta unos cinco o seis metros hasta su base y justo aquí, sobre la cascada en la que se escucha un sereno sonido, se alza un volumen que se percibe a la vez como una construcción realizada por las manos del ser humano y al mismo tiempo como un poderoso elemento natural que discurre en varias direcciones. La magia de esta arquitectura reside principalmente en el acierto del lugar donde fue alzada y lo sutil de su mimetismo que hace que se combine en total armonía con él.

Sin duda Frank Lloyd Wright ha sido considerado el mayor arquitecto estadounidense por los críticos e historiadores del arte y esta casa campestre, construida sobre una cascada del río Bear Run, en el condado de Fayette del estado de Pensilvania es su obra más conocida. Pero su celebridad es producto no sólo de la maestría de Wright para asentarla sobre el terreno y combinarla armoniosamente en el entorno natural, sino también debido a sus inigualables cualidades espaciales, la combinación de los materiales con los que fue construida y la audacia de su concepto estructural.

Wright creó el concepto de la arquitectura orgánica, la cual es una suma de características entre las que se distinguen el respeto al entorno natural, el uso de materiales provenientes de la naturaleza y una espacialidad que se proyecta en varias direcciones, permitiendo con ello que entorno y arquitectura se fundan en un todo que se combina. Esta espacialidad rompe con el esquema tradicional de la caja cerrada y la yuxtaposición de espacios, que son característicos de la arquitectura clásica y la academicista que la imita. La arquitectura de Wright no ensalza los valores tradicionales como el “asentamiento distintivo y cerrado universal” sino todo lo contrario: la naturaleza y la arquitectura deben ser equivalentes, porque una deriva de la otra necesariamente. La Casa de la cascada es un concepto totalmente opuesto al de un templo griego, con su carácter esencialmente matemático que es distintivo ante todo de la condición racional del ser humano. La racionalidad del concepto que define en esta casa reside en la tecnología con la que fue propuesta su tectónica, a base de las cualidades de los voladizos realizados en concreto reforzado, un elemento estructural moderno que se distancia de la columna y el dintel tradicionales.

La espacialidad basada de lo que se podría denominar analógicamente como “la caja que se ha desgajado”, esto es, la separación de los seis planos que definen un espacio ortogonal cerrado y centrado en sí mismo, fue un concepto ideado por Wright que permitió la integración de los espacios interiores de los edificios, logrando con ello una gran transparencia y una sensación de gran amplitud. Este concepto tiene una resultante volumétrica que hace que los volúmenes se expandan y proyecten en las distintas direcciones que surgen de un centro y por lo tanto son centrífugas. La casa de la cascada supone la culminación de la aplicación de este concepto espacial, llevado hasta sus últimas consecuencias.

La utilización del concreto reforzado como estructura principal de la casa es el elemento que configura el desarrollo estos planos superpuestos y flotando unos sobre otros, ya que los voladizos no requieren de apoyos en sus extremos, algo que Wright ya había empezado a utilizar en algunos diseños anteriores al de la casa de la cascada. Por otra parte, los amplios planos acristalados que se ubican sobre los voladizos permiten no sólo tener unas amplias vistas sobre el entorno y así fusionarse con él, sino además dotan al volumen de una gran ligereza y transparencia.

Wright ubicó el núcleo de la casa en un área en donde la gran chimenea es el elemento que lo define y también se proyecta como el único volumen vertical que contrasta con los planos horizontales de los voladizos, equilibrando la composición con gran maestría. Junto al concreto reforzado, Wright decidió utilizar la piedra local para lograr una completa integración con el sitio. La piedra se expresa en el exterior sobre todo en la chimenea y en los paramentos verticales que sostienen los planos en voladizo de concreto. La misma piedra se utiliza en los interiores e incluso en algunos casos, como pasa en el ambiente alrededor de la chimenea, se dejó tal cual se encontraba en el sitio sin modificarla, para fundir espacio exterior con espacio interior. También los árboles que se encuentran en el terreno se respetaron y la arquitectura se acondicionó para respetar el lugar en el que crecían.

La casa posee tres niveles, un basamento y una terraza. En los tres niveles se desenvuelven los distintos ambientes, tanto públicos como privados, y se relacionan entre sí por medio de la espacialidad continua, la cual no sólo le otorga a la casa las características antes descritas, sino además una profusa luz que baña todo el interior.

Frank Lloyd Wright fue pues el gran innovador y genio de la arquitectura norteamericana cuya obra, profusa y magistral, se ubica entre las más distinguidas del siglo XX y la casa de la cascada es la joya de la misma.

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